Sunday, September 24, 2006

UN CASO CURIOSO


En el fondo me dan lástima esos chiquitos del casquete (aunque bastante turritos ellos), ya que no les preguntan si quieren que se les corte una parte de su preciado pene. Para colmo tienen uno solo, porque de tener dos, les quedaría uno para usar normalmente. Debe estar totalmente desprotegido y con el ojo expuesto permanentemente y abierto.
La otra vez leí una noticia sobre un hombre que nación con dos penes. El muy tarado se hizo operar para que le quedara uno. Menos mal que pidió que le sacaran el más corto. Recuerdo una película italiana “Homo eroticus super macho”, el tipo tenía tres testículos. Pero de qué le servían, solamente para abultarle los pantalones y sentirse por demás incómodo. Ahora, si en vez de tres testículos, hubiera hombres con dos penes, eso sería diferente. Sería muy ventajoso desde varios puntos de vista. Por ejemplo: la doble penetración la haría tipo enchufe y él solo, sin necesidad de un tercero en discordia, o bien, si la mujer es flexible, buscaría la posición como para ser penetrada por cualquier lado y a su vez le estaría haciendo sexo oral en el segundo pene. Si un pene es más corto que el otro, tanto mejor, porque se usaría el más corto para el sexo oral y se evitaría que la pobre haga arcadas. En el caso de hombres dotados de doble pene, yo personalmente haría desastres, unas orgías increíbles, con solamente tres tipos y seis mujeres: el tipo se acuesta boca arriba, con sus penes erectos en forma de triángulo agudo, o como un reloj que marca las diez y diez, se le sentaría una mujer sobre cada uno, y jugarían una carrera para ver quien llega primero a la meta. Esa es una posibilidad. Otra podría ser dos mujeres muy juntas con las piernas levantadas y el engendro penetrando a las dos, pero esa sería un poco más incómoda para el pobre man. O bien, para alegría del tercer infeliz, las dos mujeres restantes le hacen una buena mamada y hasta se toman todo lo nutritivo que el hombre largue. Es buenísimo para el cutis, el semen, y por otro lado se aseguran de no quedar embarazadas. Si mis padres me escucharan me desheredarían por degenerada, ni hablar de comentarlo el las reuniones del Opus Dei, pedirían en seguida mi excomunión al Papa que tenemos, que también es del Opus Dei.

LOS TIEMPOS CAMBIAN


¡Ay, cómo llovía el otro día! Tenía una cita y ningún vehículo disponible. El Picaso de papá lo estaba usando él, y el Honda Civic, su dueña: mi mamá (no confundir Honda Civic automático con gomera, la que usan los chicos de las villas). Yo no tengo más movilidad que los taxis. No encontré ninguno por la lluvia de mierda y tuve que rebajarme al colectivo. Esta vez sí que vi más rarezas. De vuelta los chiquitos con casquetes en la coronilla, con las consabidas hebillas de mujer; pero lo más raro de todo lo que vi, fue que por delante de las orejas, les caían mechones de pelo lacio (sinó hubieran sido lacios, hubiera creído que tenían los pendejos en la oreja) ¡Qué gente más rara! En una determinada parada bajaron todos, por suerte, y alcancé a ver que entraban en un edificio (ni idea del nombre). Estaba como protegido por una columnas fálicas, bien tiesas (a algo le deben tener miedo, algo habrán hecho). Debo confesar para ser honesta, que me excitó ver las columnas. Bueno, entraban todos detrás de un payaso, de esos con galera alta y las mujeres con las polleras hasta los tobillos, con los engendros de las patillas tomados de las manos. El payaso tenía una capa cruzada de color blanco o crudo, con rayas azules en todos los sentidos, además de flecos colgango como penes muertos. Donde entraban parecía ser una iglesia, pero no tenía cruz, entonces no era la iglesia de mi Dios del Opus Dei. Empecé a recordar algo que había leído, creo que el payaso se llama beduino o rabino, no tengo la menor idea. Fue todo muy rápido porque el colectivo arrancó al cambio de semáforo y seguimos raudamente hacia mi destino. Lo que recuerdo es que cuando llegué a mi cita, descompuesta de los nervios que me ocasionaron todas estas vistas deplorables, tuve otro desmayo, como el anterior, o menos tal vez, un vahído mejor dicho. Ahí nomás me volvieron a trasladar a la Suizo, y cuando desperté en la sala de recuperación, volví a desmayarme, al ver un sujeto vestido de blanco y con un sombrero de copa alta, como los del colectivo. Cuando vuelvo a despertar, me encuentro atada y gritando a grito pelado, clamando por mis padres. Pedía que por favor me llevaran a la posta sanitaria de la villa 31, antes de ser atendida por un “bicho pelado”. Decime vos: ¿No es preferible que te viole un tipo groso de la villa, antes que un “bicho pelado”? En un momento de lucidez en la Suizo, por una enfermera me enteré, que la clínica era propiedad de ellos. Aunque había también médicos que no lo eran, a mí me tocó uno de galera. ¿Qué hice para merecer tanto bochorno? Yo, María Belén Monteagudo Tejedor, e-mail: mariabelenmonteagudotejedor@gmail.com. Antes la muerte o la villa 31.

EL ENCUENTRO


Me fascinó el encuentro a pesar del Mercedes con número. Tenés “tela” para rato y entera. Raspa y muy bien y ¡qué orgasmos! Espléndidos, sobre todo los tuyos, qué manera de gritar. Parecías un padrillo de los que cría my dady en el haras. Los vecinos se quejaron al encargado, pero no todos los pertenecientes a la Torre Le Parc, donde vivo y bien que te gustó, pertenecen al GCU, es lamentable que haya gente de tan bajo nivel social con plata verde como para comprar allí. Ya decidí hablar con el presidente del consorcio para que tome cartas en el asunto con respecto a esta chusma, hay que exterminarlos a todos. Mi cerebro está lleno de neuronas hechas para gozar de la vida de dos maneras: 1- La ficticia, como las reuniones y té canasta del Opus Dei, recorrer museos acá o en Europa (horroroso, pero chic) y demás estupideces. 2- Hacer el amor. Con vos fue espectacular ya que fuiste el único que me penetró el único orificio que me quedaba virgen: la oreja (pero no la de van Gogh, la mía). Pero esta imagen no hace honor a la verdad, la de mi gordi es más larga y gruesa. ¡Ojo! que no miento.

ME VENDIERON UN BUZÓN


Qué garrón me hiciste llevar cuando nos encontramos por primera vez. Te esperaba en el BM y te apareciste en el Mercedes, pero con número ¡qué horror para alguien de pura cepa como yo!Te cuento man, que una vez fui castigada por el viejo: me mandó en “colectivo” y me desmayé (o casi), recorrió el Once (más bajón) y vi de todo. Unos bichos pelados (por bicho léase pene) leyendo al revés, en idish. Leían para la izquierda y yo leo para la derecha, en realidad tiro para la derecha. Algunos con sombreros que golpeaban con insistencia el techo del colectivo como pidiéndole al chofer: pare por favor, pare; otros con casquetes en la coronilla y sujetos por horquillas de mujer (qué significa eso). No entra en mi cerebro lleno de neuronas hechas para gozar de la vida. Terminé internada en la Suizo con un piquito de stress. Acostumbrada a los olores de Europa, olores in, jamás out, donde todos son integrantes del GCU (gente como uno) y donde no existen los colectivos, solo el metro y trenes (para mí taxis, obvio), cómo no me iba a desmayar.Le pido al Dios del Opus Dei que tu “bicho” no sea pelado por alguna operación de la infancia.

MI RESPUESTA MAN


Me encantó, sí, me encantó tu respuesta. Estoy decidida a concretar. Me va lo que me hablaste de los mimos, mientras no sea de Mimo & Co., ¡Oh my God! Noooooo. Quiero mimos reales, no de tela. No quiero ni pensar la tela que tendrás ¡qué bueno! La imagino suave pero no mucho, sinó no tiene gracia. “I need so much” sentir esa especie de entrada (no mesa de entradas, un bajón) y salida de algo espectacular como debe ser tu tela. Ya me estoy volviendo “crazzy for you”. Se me hace agua la boca, que espero tener pronto llena y no de moscas. También sería bueno si tuvieras dos penes, o, en su defecto un amigo con uno igual al tuyo, para una doble penetración. ¿Te va?