Sunday, September 24, 2006

LOS TIEMPOS CAMBIAN


¡Ay, cómo llovía el otro día! Tenía una cita y ningún vehículo disponible. El Picaso de papá lo estaba usando él, y el Honda Civic, su dueña: mi mamá (no confundir Honda Civic automático con gomera, la que usan los chicos de las villas). Yo no tengo más movilidad que los taxis. No encontré ninguno por la lluvia de mierda y tuve que rebajarme al colectivo. Esta vez sí que vi más rarezas. De vuelta los chiquitos con casquetes en la coronilla, con las consabidas hebillas de mujer; pero lo más raro de todo lo que vi, fue que por delante de las orejas, les caían mechones de pelo lacio (sinó hubieran sido lacios, hubiera creído que tenían los pendejos en la oreja) ¡Qué gente más rara! En una determinada parada bajaron todos, por suerte, y alcancé a ver que entraban en un edificio (ni idea del nombre). Estaba como protegido por una columnas fálicas, bien tiesas (a algo le deben tener miedo, algo habrán hecho). Debo confesar para ser honesta, que me excitó ver las columnas. Bueno, entraban todos detrás de un payaso, de esos con galera alta y las mujeres con las polleras hasta los tobillos, con los engendros de las patillas tomados de las manos. El payaso tenía una capa cruzada de color blanco o crudo, con rayas azules en todos los sentidos, además de flecos colgango como penes muertos. Donde entraban parecía ser una iglesia, pero no tenía cruz, entonces no era la iglesia de mi Dios del Opus Dei. Empecé a recordar algo que había leído, creo que el payaso se llama beduino o rabino, no tengo la menor idea. Fue todo muy rápido porque el colectivo arrancó al cambio de semáforo y seguimos raudamente hacia mi destino. Lo que recuerdo es que cuando llegué a mi cita, descompuesta de los nervios que me ocasionaron todas estas vistas deplorables, tuve otro desmayo, como el anterior, o menos tal vez, un vahído mejor dicho. Ahí nomás me volvieron a trasladar a la Suizo, y cuando desperté en la sala de recuperación, volví a desmayarme, al ver un sujeto vestido de blanco y con un sombrero de copa alta, como los del colectivo. Cuando vuelvo a despertar, me encuentro atada y gritando a grito pelado, clamando por mis padres. Pedía que por favor me llevaran a la posta sanitaria de la villa 31, antes de ser atendida por un “bicho pelado”. Decime vos: ¿No es preferible que te viole un tipo groso de la villa, antes que un “bicho pelado”? En un momento de lucidez en la Suizo, por una enfermera me enteré, que la clínica era propiedad de ellos. Aunque había también médicos que no lo eran, a mí me tocó uno de galera. ¿Qué hice para merecer tanto bochorno? Yo, María Belén Monteagudo Tejedor, e-mail: mariabelenmonteagudotejedor@gmail.com. Antes la muerte o la villa 31.

No comments: