Friday, March 30, 2007

EL ENGAÑA BALDOSAS


Hace cosa de un mes se rumoreó en una reunión de consorcio que se estaba por mudar una pareja de recién casados a nuestra torre.

Yo me puse loca, como es de suponer, ya que no tenía ni idea de qué clase de gente podía llegar ser. Y por supuesto, mi intuición jamás falla.

Llegó la mudanza (normalmente), pero casi me da un patatús cuando los vi a ellos. Obviamente yo estaba en el balcón terraza con unos largavistas y un vaso de whisky en las rocas, oteando todo tranquilamente.

Ella parecía normal, y era normal pero una gran viva. Pero él, ¡Dios me asista! era rengo. En cuanto lo vi caminar, casi me viene el segundo patatús. Extendía la pierna más corta hacia adelante, le apuntaba a una baldosa, pero acto seguido, en vez de pisar la que tenía en frente, pisaba la del costado. O sea, engañaba a la pobre baldosa. Además tenía cara de boludo atómico, que no trataba de disimular. Pero lo que sí trataba de disimular era el problema de la pierna y adoptaba una parada cómica.

Ahora, mi pregunta es la siguiente: a la hora de hacer el amor ¿haría lo mismo con su pene? Porque imagínense que cuando está por metérsela por la vagina o el ano, la desvía y se la clava en la nalga, o, lo que es peor aun, la clava en el colchón. A eso lo llamaría yo el engaña vaginas o anos, o bocas. ¡Terrible! Porque de alguna forma, la engaña. ¡Qué enchastre después de terminado el "acto amoroso"! Esa pobre mujer debe estar desesperada. Si el tipo no la emboca con la pierna que es más larga, menos la va a embocar con el pene.

Así que yo me propuse hacer una obra de bien. Esperé a que estuvieran instalados y me fui a hablar con ella, como para darle la bienvenida a la torre. De paso para enterarme por qué se había casado con semejante pelotudo. De esa manera me enteré de muchas cosas. El problema físico del marido era de nacimiento, ya de chiquito engañaba a las baldosas, ni bien empezó a caminar. Ella lo conoció en un boliche al que había ido con amigas. Pero lo vio sentado y parecía normal. Tanto hablaron que ni cuenta se dio la mina, de que habían pasado la velada sin bailar. Él era poseedor de una gran fortuna y de apellido ilustre, ella no tenía ni un mango ni apellido ilustre. Bochornoso para él, pero se ve que no le dio importancia, ya que a ninguna de las chicas de su círculo se le pasó por la cabeza casarse con semejante engendro. Entonces pensó que lo mejor era enredarse con esta ordinaria y tener un lugar dónde meter el pene. Pero no contó con su problema de nacimiento, y el pene tampoco lo pudo meter en ninguno de los orificios de su mujer. Hasta el momento de su casamiento el pobre imbécil fue virgen (pero pajero) y después de su casamiento siguió siendo virgen y pajero.

La mujer me contó que tenía varios amantes y la pasaba bomba. Plata no le faltaba, ni viajes, ni ropa, ni nada. Todo lo que tenía que hacer era abrir las piernas las mañanas, tardes o noches que este infeliz (pero con apellido ilustre) así lo requería. Y de vez en cuando le hacía una hermosa paja, como para dejarlo contento, no iba a permitir que le cortara la terjeta de crédito.

La cuestión es que la piruja se convirtió de la noche a la mañana en una señora de doble apellido ilustre. Pero de ninguna manera pertenece al CGU. Por si no lo recuerdan: Gente Como Uno.

Friday, March 16, 2007

EL SOMBRERO


Mi gordi ya está anotado en la carrera de Psicología de la Universidad del Salvador. Por supuesto, yo me anoté también, no vaya a ser cosa que se enrede con alguna de las profesoras o compañeras. A lo mejor a él también empiezan a gustarle las pendejas.

La cuestión es que ya entró en la variante de los psicólogos: NO LES IMPORTA UN CARAJO DE NADA. Como aquel hombre que se hacía pis encima y le comentó al amigo que un psicólogo lo había curado. El pobre se seguía haciendo pis, pero ya no le importaba un carajo. Andaba por acá y por allá con los pantalones mojados y un olor de la San Puta.

Mi amorcito ahora quiere usar sombrero, de esos que usaban nuestros abuelos. Cuando le dije que iba a hacer el ridículo, me contestó: "¿qué mierda me importa?".

Ya se me está insubordinando, y eso que todavía no llevamos un mes de clases.

Así que allá fuimos a comprar un sombrero. Pero para ser honesta, no le queda mal. Eso sí, parece un viejo del orto, cosa que me sigue dando pie a mí para buscar pendejos. Y lo voy a hacer en la facultad. Yo, creyendo que eran medio "curatos", pero me equivoqué. De cura no tienen nada. Y si lo tienen, mejor, deben ser buenos amantes. ¿O alguien piensa que los curas no tienen mujeres?

Pero volviendo al sombrero. Se lo pasa todo el tiempo lustrándolo con la manga del saco, lo mira y admira y hasta duerme con nosotros. Puso un clavo en la pared del dormitorio y allí lo colgó. Todas las noches le dá "el besito de las buenas noches" de Petete. La otra noche me re calenté y le dije, "che, a Peteta, ¿no le darías un beso también?".

En fin, este hombre se me va a volver loco como todos los psicólogos, y yo, también.